A pesar de las reticencias iniciales, padres y docentes decidieron que la profesora estaba habilitada para trabajar como titular en una escuela preescolar municipal en Córdoba.
Con los ojos grandes y boquiabiertos, los pequeños siguen el cuento que les narra Noelia Garella. Ninguno sabe que ante sí tiene a la primera persona con síndrome de Down que trabaja como maestra de preescolar en Argentina, y una de las pocas en el mundo.
"Esto me encanta. Desde que soy chica siempre soñé con ser maestra porque me gustan los niños", contó Noelia Garella, quien se graduó en 2007 de maestra preescolar en la ciudad de Córdoba y empezó a ejercer en 2012, encargada del programa de estimulación temprana a la lectura en el preescolar Capullitos.
"Muy rápido nos dimos cuenta de que tenía mucha vocación y daba lo que más aprecian los niños de las escuelas infantiles, que es el amor", repasa Alejandra Senestrari, exdirectora de esa escuela.
Las dudas que alimentaron el debate
"Soy el monstruo feliz"
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Si hay que nombrar dos características sobresalientes de Noelia Garella, serían una autoestima que brilla y un optimismo a prueba de todo prejuicio. Así se ganó la empatía de sus colegas.
"De ninguna manera fueron trabas", dice Senestrari, hoy supervisora de preescolares municipales en Córdoba sobre el planteo docente que, "desde un lugar de responsabilidad", consideró que alguien con síndrome de Down no podía estar a cargo de alumnos.
"Nos dijeron que iba a haber una maestra con Síndrome de Down y que no nos asustáramos, pero a mí me pareció normal y me pareció muy buena la idea de que pueda compartir con los chicos", sostuvo Ariel Artino, padre de uno de los pequeños.
" Con los niños siempre me siento bien, sus padres me adoran y las otras maestras y las directoras que he tenido son unas divinas", asegura Garella. "Yo lo que quiero es que lean, que escuchen, porque en la sociedad hay que escuchar", añade la profesora.
Pero no todo ha sido fácil para Noelia ni para su familia. Sus padres aún recuerdan un par de episodios nefastos de discriminación cuando era niña.
"Cuando nació Noe, nuestra primera hija, el médico me dijo: 'Tengo una mala noticia que darle'; yo enseguida pregunté si había muerto, y me respondió: 'no señor, peor, es Down'", cuenta Delfor Garella, el padre de Noelia.
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